Salomé con la cabeza de San Juan Bautista

En este gran lienzo, Guido Reni, un destacado pintor boloñés del siglo XVII, representó una de las historias más macabras del Nuevo Testamento. Salomé, la hija de la reina Herodías, complació tanto a su padrastro, Herodes Antipas, bailando en su fiesta de cumpleaños que éste le prometió concederle cualquier deseo. Incitada por su vengativa madre, Salomé pidió la cabeza del profeta Juan el Bautista, a quien Herodes había encarcelado por denunciar su matrimonio. El cuadro ilustra el momento en que la cabeza del santo es presentada a la bella joven. Muy selectivo en su paleta, Reni representó este sangriento acontecimiento con una gracia rítmica, un modelado suave y un elegante despojo. No hay sangre que gotee de la cabeza de Juan, y el color y la iluminación son fríos; de hecho, no hay ningún escenario específico, ni se representan emociones fuertes. En esta obra tardía, el tratamiento de las figuras es amplio, sobre todo en las piernas del joven paje y en los pies de Salomé, que sólo se rozan sumariamente. Esto plantea la cuestión central, no resuelta, de gran parte de la obra tardía de Reni: si este cuadro debe considerarse terminado o no.

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