¿Qué es realmente el populismo? Y por qué tiene mala reputación?

Sin duda, gracias a Donald Trump, el Brexit y una serie de líderes y partidos antisistema en Europa, América Latina y Asia, todo el mundo parece hablar de populismo.

Pero el populismo no es nada nuevo. Lleva mucho tiempo acompañando a la política democrática, y su actividad y éxito ha experimentado picos y caídas. Ahora mismo estamos en una especie de apogeo del populismo, y esto está afectando a la naturaleza de la política en general. Así que es importante que sepamos qué significa y cómo reconocerlo.

Incluso entre los académicos, el populismo ha sido difícil de definir. Esto se debe, en parte, a que se ha manifestado de diferentes maneras durante diferentes épocas. Aunque en la actualidad sus casos más conocidos son los partidos, líderes y movimientos de derecha, también puede ser de izquierda.

Hay un debate académico sobre cómo categorizar el concepto: ¿es una ideología, un estilo, un discurso o una estrategia? Pero más allá de estos debates, los investigadores tienden a coincidir en que el populismo tiene dos principios básicos:

  1. Debe afirmar que habla en nombre de la gente corriente

  2. Esta gente corriente debe oponerse a una élite establecida que les impide cumplir con sus preferencias políticas.

Estos dos principios básicos se combinan de diferentes maneras con diferentes partidos, líderes y movimientos populistas. Por ejemplo, las concepciones de los populistas de izquierdas sobre «el pueblo» y «la élite» generalmente se aglutinan en torno a los agravios socioeconómicos, mientras que las concepciones de los populistas de derechas sobre esos grupos suelen centrarse en cuestiones socioculturales como la inmigración.

La ambigüedad de los términos «el pueblo» y «la élite» significa que los principios básicos del pueblo-centrismo y el anti-elitismo pueden ser utilizados para fines muy diferentes.

¿Cómo puede ser malo apelar a la gente común?

El populismo tiene mala fama por un par de razones.

En primer lugar, porque muchos de los casos más destacados de populismo han aparecido recientemente en la derecha radical, a menudo se ha confundido con el autoritarismo y las ideas antiinmigración. Pero estas características tienen más que ver con la ideología de la derecha radical que con el propio populismo.

Segundo, los populistas son disruptivos. Se posicionan como outsiders que son radicalmente diferentes y se separan del orden existente. Por ello, suelen abogar por un cambio en el statu quo y pueden defender la necesidad de un cambio estructural urgente, ya sea económico o cultural. A menudo lo hacen promoviendo una sensación de crisis (sea cierta o no), y presentándose como poseedores de la solución a la crisis.

El líder del partido Podemos en España, que cuestionó el capitalismo a raíz de la Gran Recesión. Kiko Huesca/AAP

Un ejemplo actual de este proceso es el muro de la frontera sur de Trump, que ha caracterizado el tema de los cruces ilegales en la frontera sur como una emergencia nacional, a pesar de que, por ejemplo, se producen más cruces fronterizos relacionados con el terrorismo en la frontera norte, canadiense y por aire.

El hecho de que los populistas a menudo quieran transformar el statu quo, aparentemente en nombre del pueblo, significa que pueden parecer una amenaza para las normas democráticas y las costumbres sociales que mucha gente valora.

Y la propia construcción de «el pueblo» juega un papel importante en que los populistas sean percibidos como «malos», porque condena al ostracismo a partes de la sociedad que no encajan en este grupo.

¿Cuáles son algunos ejemplos de líderes y políticas populistas?

El ejemplo contemporáneo más famoso de un líder populista es el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el renovado interés por el populismo se debe en parte a su éxito electoral de 2016. Una de las formas en que los investigadores miden el populismo y, por consiguiente, determinan si un líder o partido es populista, es midiendo el lenguaje.

Las investigaciones han descubierto que la retórica de Trump durante la campaña fue muy populista. Se dirigió a las élites políticas, recurriendo al rasgo populista central del antielitismo y utilizó con frecuencia un lenguaje centrado en las personas, con un fuerte uso de los pronombres colectivos de «nuestro» y «nosotros».

Combinó este lenguaje populista con su ideología de derecha radical, presentando políticas como la de «América primero» en política exterior, su propuesta de muro entre Estados Unidos y México, y políticas económicas proteccionistas y antiglobalización.

La combinación de populismo y este tipo de políticas le permitió establecer una distinción entre «el pueblo» y los que están fuera de ese grupo (musulmanes, mexicanos), enfatizando la superioridad del primero.

Estas políticas también permiten criticar la preferencia de la élite por la globalización, el libre comercio y las políticas de inmigración más liberales. Su uso del eslogan «drain the swamp» (drenar el pantano) -en el que afirma que librará a Washington de las élites que están fuera de contacto con los estadounidenses normales- también refleja esto.

Junto con Trump, el Brexit también ha llegado a ejemplificar el populismo contemporáneo, debido a su antielitismo centrado en la Unión Europea y a la propia naturaleza del referéndum que actúa como expresión de la voluntad «del pueblo».

En Sudamérica, el populismo se ha asociado más con la izquierda. El difunto Hugo Chávez, ex presidente de Venezuela, también era muy populista en su retórica, y es quizás el ejemplo más famoso de un líder populista de izquierdas.

El populismo de Chávez se centraba en cuestiones socioeconómicas. Incluso mientras gobernaba, se posicionó como un político antisistema, canalizando los ingresos petroleros del país hacia programas sociales con el objetivo de distribuir la riqueza entre el pueblo venezolano, aliviar la pobreza y promover la seguridad alimentaria.

El actual presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, y el presidente boliviano, Evo Morales, también son considerados líderes populistas de izquierdas.

Pero el populismo de izquierdas no se limita a Sudamérica. En Europa, los ejemplos contemporáneos de partidos populistas de izquierda incluyen al español Podemos y al griego Syriza. Estos partidos tuvieron éxito tras la Gran Recesión. Cuestionaron la legitimidad del capitalismo no regulado y abogaron por cambios económicos estructurales para aliviar las consecuencias de la recesión en sus pueblos.

No parece que el populismo vaya a ninguna parte. Por eso es importante saber reconocerlo, y entender cómo su presencia puede moldear nuestras democracias, para bien o para mal.

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